No seas como Pedro

El día de ayer, mientras platicaba con unas personas, me di cuenta de algo muy importante,  les comentaba que normalmente no tengo miedo de confiar en Dios, que al contrario, estoy segura de que cuando ÉL llama, ÉL provee, ÉL cuida y Él está ahí. Sin embargo, hay momentos en lo que comienzo a pensar las cosas con el “pensamiento de este mundo” y empiezo a creer que son imposibles, empiezo a dudar de lo que Dios puede hacer y hasta me abrumo.

Pero una de  estas personas me dijo algo muy importante y citó una porción de la biblia que yo nunca había visto de esa manera…

Los invito a estudiar conmigo un poco sobre Mateo 14: 27-33.

Pero Jesús les habló de inmediato:—No tengan miedo —dijo—. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí!

28 Entonces Pedro lo llamó:

—Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua.

29 —Sí, ven —dijo Jesús.

Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús, 30 pero cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse.

— ¡Sálvame, Señor! —gritó.

31 De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró.

—Tienes tan poca fe —le dijo Jesús—. ¿Por qué dudaste de mí?

32 Cuando subieron de nuevo a la barca, el viento se detuvo. 33 Entonces los discípulos lo adoraron. « ¡De verdad eres el Hijo de Dios!», exclamaron.

Para comenzar con un poco de contexto, Jesús había estado enseñando y  haciendo milagros como acostumbraba, justamente había multiplicado el pan, y le había dado de comer a más de 5.000 personas. Sus discípulos estuvieron con él todo este tiempo, viendo y siendo parte de lo que él hacía.

Ahora, Jesús envió a sus discípulos a que se adelantaran y él se fue a orar. Dice la biblia que se hizo de noche (A Jesús realmente le gustaba orar), y pasó lo menos deseado, CAYÓ UNA TORMENTA y los discípulos estaban en la barca muy asustados.

De pronto, Jesús, con toda tranquilidad, les dice en el versículo 27 ¡No tengan miedo, tengan ánimo, yo estoy aquí!, Es súper bonito saber, que cuando estamos en dificultades o pasando por momentos que no son fáciles para nosotros, Jesús siempre nos dice ¡No tengas miedo, aquí estoy!.

Luego en el versículo 28, vemos a Pedro en escena, este pedro tan atrevido e imprudente de siempre, me recuerda tanto a mí, si me preguntaran a cuál personaje de la biblia me parezco más, seguramente diría que a Pedro. En este versículo, Pedro le dice a Jesús, “Sí realmente eres tú, ¡pídeme que vaya hacía ti! Obviamente era Jesús, ¿Quién más va a caminar sobre el agua?, pero Pedro, incrédulo,  quería asegurarse por él mismo que sus ojos no estuvieran engañándole.

Lo que se me hace súper bonito de Jesús es que conocía a Pedro, y le dio la oportunidad de poner en práctica esa fe principiante que tenía. Jesús le dice en el versículo 29 ¡VEN!, Jesús es tan lindo, nos pide cosas que sabe que no podemos hacer en nuestras propias fuerzas, para mostrarnos la inmensidad de su amor y cuidado.

 En este mismo versículo, la biblia narra que Pedro OBEDECIÓ y bajó de la barca en la dirección que Jesús le había dicho. Y ¿Qué creen? Pedro lo estaba logrando (no por sus fuerzas, obviamente) pero Pedro comenzó a caminar sobre el agua mientras veía a Jesús.  Que gran privilegio, Obedecer a Dios, y que te lleve a hacer cosas asombrosas para mostrar su poder y amor.

Pero PUM, no todo fue tan color de rosa para Pedro, de pronto, salió a relucir lo que realmente era… su incredulidad y falta de fe.

En el versículo 30, dice que Pedro comenzó a hundirse, pero dice por qué, dice: “…pero cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse.”, Pedro dejó de mirar a Jesús y se empezó a concentrar en la tormenta. Cuantas veces nosotros hacemos lo mismo, al menos yo sí; empiezo a ver las dificultades, los problemas los obstáculos y como consecuencia de ello, así como Pedro, me empiezo a hundir, iba muy bien, avanzando con la vista puesta en Jesús, pero en cuanto desvió un poco su vista, comenzó a hundirse y a pedirle a Jesús que lo salvara. En ese pequeño momento de incredulidad, Pedro se dio cuenta de que lo que estaba pasando (caminar sobre el agua), era solamente una obra de Dios, que él (pedro) no podía hacer nada al respecto, e inmediatamente, pidió ayuda a quien podía salvarle.

Y honestamente, me encanta lo que viene en el versículo 31, “De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró.” Jesús estaba ahí, desde el principio estuvo ahí, cuidando a Pedro, esperando que llegara hasta donde le había dicho; aún en el momento donde Pedro dudó, Jesús estuvo ahí, para tomarlo de la mano y sacarlo de nuevo a la superficie. Que hermoso es nuestro Dios, aun cuando nosotros dudamos, él sigue ahí, cuando nos damos cuenta de que no podemos con nuestras propias fuerzas porque es imposible, Él nos dice “aquí estoy, ¿por qué dudas de mí?”(v.31 b).

No sé si soy la única, pero soy completamente como Pedro, veo las maravillas que Dios hace frente a mí, sus milagros y cuidados, y me asombro de él, voy caminando con mi mirada puesta en él, y de pronto desvío un poco mi vista, comienzo a ver los problemas, veo lo difícil que son las circunstancias, veo que  por mi propia cuenta soy incapaz de hacer lo que Dios me pide, y comienzo a abrumarme, comienzo a hundirme en mi propia incapacidad de hacer las cosas…entonces, es hasta que volteo a ver a Jesús y le digo: “No puedo, sálvame”, que me doy cuenta que Él, siempre estuvo ahí, que nunca me dejó, que simplemente yo desvié mi mirada de lo que Él ya me había pedido y que Él me estaba ayudando.

 Y me encanta ver a ese Jesús paciente y amoroso de toda la vida diciéndome: “Ay niña, siempre estuve aquí, ¿por qué dudas?, aquí voy a seguir SÓLO TEN FE.”

Y es entonces puedo decir lo mismo que los discípulos en el versículo 33 « ¡De verdad eres el Hijo de Dios!».

Dejemos de ser como Pedro, dejemos de dudar, dejemos de creer que haremos cosas por nuestra propia cuenta; somos incapaces de hacer cualquier cosa solos, necesitamos a Cristo, necesitamos confiar en él, dejemos de ver las circunstancias adversas y nuestras incapacidades, tengamos nuestra mirada puesta fijamente en aquel que hace los milagros, en aquel que nos dice: “aquí estoy ¿por qué dudas?”.

Valor en un tiempo como este

Ayer vi una película que salió recientemente “Hacksaw ridge ”(Hasta el último hombre), esta película está basada en una historia de la vida real, la vida de Desmond Doss. Este hombre se enlistó en el ejército durante la segunda guerra mundial, pero lo interesante de su historia es que quiso participar en la guerra sin llevar un arma.

Él era cristiano y tenía una fuerte convicción acerca de no tomar la vida de ninguna persona, pero aun así quería servir como médico de combate. Cuando las autoridades del ejército se dieron cuenta de su forma de pensar se hizo un escándalo nadie estaba de acuerdo con su forma de pensar, creían que era en realidad un cobarde y se burlaban de él y lo trataban mal. Pero aun así él permaneció firme en su convicción y estaba determinado en servir a Dios al servir a la gente de su propio país. Pero era precisamente en ese orden que lo haría, primero Dios y después a los hombres, por eso el insistía en que no mataría.

Después de mucha presión e incluso un juicio, le permiten servir de ese modo sin un arma. Cuando porfin estuvo en el campo de batalla él estuvo justo en la línea de fuego enemiga salvando y ayudando a todos los heridos. Arriesgaba su vida sin nada con que defenderse para salvar personas. Participó en varias campañas, pero en la de hacksaw ridge (en okinawa) al final el sólo rescato 75 hombres, fue conmemorado y él siempre le dio la gloria a Dios, reconoció que Él fue quien lo ayudó para lograr esa hazaña.

Cuando terminé de ver esa película reflexioné un poco y me di cuenta de que esta persona vio la oportunidad de servir a Dios al servir a su gente con lo que él tenía, lo que era en el tiempo que Dios lo puso. Fue un hombre valiente que estuvo dispuesto a arriesgar su reputación y después no solo eso sino también su vida por hacer lo correcto, por responder al llamado que Dios le hizo.

Al ver su ejemplo y recordar otras cosas que Dios había estado tratando recientemente en mi acerca de tener valor, me di cuenta que muchos de nosotros la mayor parte del tiempo no aprovechamos las oportunidades que Dios nos da de servirle en el lugar y tiempo que nos ha puesto. Hay muchas razones por las cuales no lo hacemos; a veces es porque simplemente somos indiferentes, pereza o porque no nos gusta incomodarnos.

Sin embargo la mayor parte del tiempo, la razón por la que normalmente no respondemos es porque somos cobardes, callamos cuando deberíamos hablar, nos paralizamos cuando deberíamos actuar, nos arrinconamos y nos auto justificamos para no hacer lo que tiene que ser hecho en nuestra timidez, nuestro miedo a la opinión de la gente, al rechazo, miedo a fallar porque nos sentimos incapaces. Y en realidad eso refleja lo egoístas que somos de encerrarnos en nosotros mismos, pensar solo en nuestra situación, lo que nosotros sentimos, en vez de ver lo que ocurre alrededor nuestro y preocuparnos por aquellos que en verdad están necesitados y que nosotros podríamos ayudar cuando Dios nos pone la oportunidad.

A veces el miedo se disfraza de razones como sentirnos incapacitados, esperamos nuestro llamado específico “Cuando Dios me diga el ministerio o me dé instrucciones específicas lo haré”. También  a  veces decimos estar esperando el momento preciso para hacer las cosas. Planeamos grandes cosas para el futuro, pero no nos damos cuenta de que el momento de actuar es hoy, justo ahí donde Dios te ha puesto, en este tiempo.

Porque lo veamos o no Dios siempre está trabajando y nos invita. El problema es que en muchas ocasiones no nos damos cuenta porque estamos tan envueltos en nuestros propios asuntos o usamos cualquiera de estos pretextos baratos para no hacer lo que debemos cuando Dios nos pide porque en realidad somos unos cobardes.

Y eso es súper contradictorio porque Cristo ya nos libró de lo más terrible a lo que nos podíamos enfrentar, la ira de Dios, su juicio.

“Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”(Mateo 10:28)

Al morir en la cruz Él nos libró de este temor, entonces no tenemos a nada ni nadie que temer porque el Dios todopoderoso ya nos salvó de lo más temible que hay, y además está con nosotros. Y no solo eso sino que ha puesto su poder en nosotros que nos capacita para hacer todo lo que nos pide. ¿A que podríamos temer, entonces?

No hay ninguna razón válida para dejar que el miedo se apodere de nosotros, porque sin duda alguna es natural que como humanos en ocasiones tengamos miedo. Pero si en verdad creemos esto, que Dios es el que está con nosotros y el que tiene control de todo, no podemos dejar que el miedo nos paralice al hacer lo que debemos. Tenemos que actuar a pesar del miedo que sentimos, después de todo, eso es valor.

¿Y por qué es tan importante responder con valor a ese llamado? Porque es Dios mismo quien nos está dando la oportunidad de participar con Él en la expansión de su reino. Pero ¿Sabes? ninguno de nosotros es indispensable para la obra de Dios. Él puede hacerlo con o sin nosotros, pero si dejamos que nuestro miedo y timidez nos ganen nos perderemos el gran privilegio de ser parte de lo que Él está haciendo

“Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judíos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!” Ester 4:14

Este hombre, Desmond, fue valiente respondió al llamado que se le presentó para servir en el tiempo y manera que el tenia, pudo salvar vidas y glorificar a Dios aunque no fue fácil. Pero sin duda alguna el creía que Dios estaba detrás de todo lo que él hacía, era quien lo fortalecía. De hecho era algo que constantemente pedía, el oraba a Dios por fortaleza.

Y esa es precisamente la clave de esto, esa clase de valor no nace de nosotros, es algo que Dios debe poner en nosotros para actuar con coraje en esas situaciones específicas que se nos presentan.

Fíjate en los discípulos ellos por sí mismos aunque juraron defender a Jesús, en el momento de la verdad huyeron, pero cuando el poder del Espíritu Santo vino sobre ellos, pudieron proclamar el evangelio de Dios como nunca antes sin temor alguno a pesar de que las circunstancias eran  nada favorables a causa de la persecución.

Y no fue sólo una vez que pidieron ese poder para recibir valor, sino que era algo por lo que constantemente oraban (hechos 4:29-31). Porque era el poder del Espíritu Santo el que los impulsaba a moverse, a no callar. Por sí mismos al igual que Desmond, no lo hubieran logrado. Y nosotros tampoco lo lograremos a menos que pidamos a Dios que nos dé de su poder para tener ese valor de no titubear cuando nos pide que actuemos.

Tenemos que pedir que nos de ese mismo sentir de Cristo quien no pensó egoístamente, sino que entregó todo hasta el final por amor a nosotros, para honrar al padre. (Filipenses 2:5-8)

Tal vez a ti y a mi no nos toque poner en riesgo nuestra vida física como Cristo lo hizo, sus discípulos y Desmond, o talvez sí. Si no es así, también hay otras áreas donde seguramente pondremos en riesgo nuestra “reputación” o habrán otros miedos que tendremos que enfrentar en esos momentos que Dios nos da la oportunidad de marcar una diferencia o hacer algo al respecto con el fin de glorificarle. Como te dije quizá no salvemos vidas físicas, pero conocemos a la persona que puede salvar un alma, Cristo. Podemos llevar esperanza que sana y salva el corazón de las personas.

Tenemos que dejar de poner pretextos y pedir a Dios que nos de ese poder y la capacidad para distinguir esas oportunidades que nos da y tomarlas por más difícil e imposible que parezca. Que nos de valor para no callar lo que puede dar vida a esas personas tan necesitadas que nos rodean. Porque en realidad no las estamos amando si callamos cuando deberíamos hablar o actuar.

Cristo mostró su gran amor cuando nos salvó, Él dio todo por nosotros, no podemos hacer nada menos que lo mismo. Seguir su ejemplo negarnos a nosotros mismos, a nuestros miedos, lo que sentimos y poner nuestra vida a su disposición cueste lo que cueste por amor a Él y a la gente.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24

Hay que pedir a Dios fe para primeramente confiar cuando su palabra dice que el Dios todo poderoso está con nosotros, que Él tiene cuidado de todo y jamás nada nos podrá separar de Él, pues ya nos salvó para que hoy no temamos a la gente, ni a las circunstancias, al fracaso o incluso a la muerte. Recuerda que la manera en que respondemos ante las circunstancias reflejará lo que verdaderamente creemos acerca de nuestro Dios. Si en verdad creemos en su poder y que cuando Él pide algo también nos acompañara y trabajara lado a lado con nosotros, estaremos dispuestos a tomar los riesgos grandes o pequeños al obedecer su voluntad.

Y responder a su llamado obedientemente trae bendición y vale totalmente la pena todo lo que inviertas, los sacrificios que hagas. No olvides que hay recompensa, pero lo más importante de todo es que sabrás que estás cumpliendo tu propósito aquí en la tierra, glorificar a nuestro rey.

Yo no sé tú pero yo quiero servir a mi Dios al servir a mi generación en mi época, trasfondo, cultura, lugar, con mis talentos y todo lo que me ha dado.

Si confiamos que el lugar donde estamos, todo lo que tenemos y lo que somos no es casualidad sino que Dios lo ha dispuesto por una razón, no tenemos por qué sentir miedo, pánico al hacer lo que debemos. Recuerda que estará con nosotros el mismo Dios que respaldo y capacito a Moisés, Josué, Gedeón, Ester, David, Pedro, a Desmond y a muchas otras personas a través de la historia para hacer cosas impensables en el tiempo donde cada uno vivió con el fin de glorificar su nombre.

Mantén tus ojos muy abiertos porque como te dije Dios siempre está trabajando a nuestro alrededor y el momento de actuar es ahora. Hay que orar para que Él nos muestre esas oportunidades y que al identificarlas podamos reaccionar con valor ante su llamado.

No hay que perdernos este privilegio y oportunidad única en esta vida para unirnos a lo que Dios está haciendo hoy en un tiempo como este.

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1:9

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Desobediencia=FALTA DE FE

Se ha dicho recientemente sobre la realidad que existe para todos los cristianos,una realidad donde cada día estamos en una constante lucha. Ahora como hemos visto no es algo fácil que de la noche a la mañana se logre, es un proceso…pero ¿Qué pasa cuando a pesar de lo mucho que nos estamos “esforzando” el tiempo pasa y pasa y yo sigo igual? ¡Pensé que ya entendía cual era mi problema y mi solución! ¿Por qué no veo avances? Me dijeron que pusiera mi enfoque en Dios y no en mi situación pero ¿Qué implica eso?.

Estas son algunas de las preguntas que me hice estando en esta situación y me imagino que muchas, naturalmente, nos hacemos en nuestra frustración. Sin embargo en mi caso había algo que había estado estorbando el trabajo de Dios en mi vida y aunque de algún modo lo sabía, no le había dado la importancia que merecía.

A continuación te diré lo que Dios me reveló en esa situación.

Resulta que un día comencé a leer mi diario de oración sólo para recordar algunas cosas, pero a medida que leía más y más me daba cuenta que eran exactamente las mismas peticiones que actualmente hacia; ¡Lo que quería decir que llevaba años batallando con las mismas cosas! En ese momento me sentí terrible, al ver que 4 años habían pasado y aparentemente nada había cambiado, sólo encontré en el diario falsas promesas que le hice a Dios y jamás cumplí,cosas inconclusas que comencé. Era algo realmente triste ver toda esa situación. Y a pesar de que ya tenía una idea de cuál era el problema en ese momento, aún no alcanzaba a ver lo grave que era.

Los días pasaron y comencé a olvidar aquello y sentirme un poco mejor, pero fue entonces que un día mi mamá escuchaba una prédica que hablaba de la obediencia como un distintivo de un verdadero creyente. Al oír todas esas palabras de repente todo se aclaró en mi corazón y descubrí que mi problema era la desobediencia. Entonces sumando esa afirmación con lo que acababa de leer en mi diario sobre 4 años sin ningún aparente cambio, en ese momento un miedo se apoderó de mí, que incluso llegué a dudar si realmente era salva, pues efectivamente durante estos años realmente no había estado obedeciendo. Ese mismo día hablé con mi papá y él me dijo que esa lucha dentro de mí era una buena señal, pero que aún así le pidiera a Dios que me examinara. Y Él lo hizo, durante los siguientes días me mostró a través de su palabra en mi devocional, en las prédicas de la iglesia e incluso habló a través de libros que estaba leyendo en ese momento.

Lo primero que hizo fue recordarme que Él era quien estaba haciendo esa obra tal y como lo prometió en su palabra. Mi parte era creer esto, sin embargo esa fe debía traducirse a una acción. Fue entonces que me di cuenta que todo este tiempo el me había dado soluciones pero yo no habia querido obedecer ninguna de ellas, porque muy en el fondo no estaba creyendo totalmente que Él era poderoso para tomar control de la situación. En vez de poner mi fe en Él me estaba guiando por la vista,ver mi situación. Por lo tanto me precipitaba a tratar de yo misma resolver la situación por mis propios medios, en lugar de simplemente creer y atender las claras instrucciones que Él me había dado…Es por eso que no había avanzado.

Hacía falta una fe genuina, los humanos tendemos a basarnos más en lo que nuestros ojos ven que actuar con fe. Pero la diferencia está en que nosotros en cristo tenemos una garantía de que cumplirá lo que ha dicho, porque aquí está con nosotros su Espíritu Santo. Que a la vez es la fuente de la cual Él nos da el poder que carecemos, para hacer lo que nos pide. El mismo poder que lo resucitó de la tumba es el mismo que nos ayudará a cada día ser santificados progresivamente hasta aquel día en que seremos glorificados y ya no habrá pecado en nosotros, un día allá a su lado. Esa es nuestra esperanza, eso es lo que marca la diferencia para poder creerle a Dios, eso sin mencionar la infinidad de veces que hemos visto su fidelidad en nuestras vidas y el hecho de que Él no es hombre para que mienta. Al salvarnos Él ya nos liberó del poder del pecado, si hemos visto esto ¿Qué nos impide creer que Él un día nos librará de la presencia del pecado? Si Él mismo lo prometió.

Es como la historia del ciego en Marcos 8:22-26. Había un ciego con una fe débil y ¿recuerdas todo el proceso que Jesús hizo para sanarlo? No es que fuera necesario todo eso para devolverle su vista, sino que era necesario para reforzar su fe. Cuando vio por primera vez aunque veía borroso el hecho de que cristo ya le había devuelto su vista parcialmente, le dio la fe suficiente para creer que lo podía sanar por completo. Pero si te fijaste, él estuvo atento a las instrucciones,preguntas e indicaciones que Jesús le hizo. Es igual contigo y conmigo Dios ya nos ha sanado pero permite situaciones en nuestra vida para reforzar nuestra fe.

 El detalle es que hay que creerle, escuchar y obedecer sus claras instrucciones; Estas tres van de la mano. El problema es que como alguien una vez dijo: “le ponemos signo de interrogación a todo lo que Dios ya le puso punto final”. Necesitamos escuchar como en el hebreo shama, que es escuchar atentamente que inmediatamente después se active una reacción, una diferencia. ¡Es obedecer en vez de cuestionar!

Cada vez que Dios te dirija a hacer algo que sea posible sólo en sus dimensiones, enfrentarás una crisis de confianza. Cuando enfrentes dicha crisis, lo que hagas después revelara lo que de verdad crees de Dios. -henry blackaby

Aquí no se trata de lo que digas creer de Dios, sino lo que harás con lo que te ha dicho. De nada sirve que digas tener fe en Él, si esta no se convierte en acción.

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Santiago 2:14

Cuando me di cuenta de esto inmediatamente tomé mi decisión, no se tu pero yo ya estaba cansada de dar vueltas en círculos. Quería dejar de huir de todo aquello en lo que siento que no tengo “el control” porque la verdad es que jamás lo he tenido en absolutamente nada. Mucho menos en esta tarea imposible que ha puesto…vivir una vida santa. Es imposible humanamente hablando,sin embargo Dios no la puso frente a mi para ver qué hago yo para Él, sino para yo ver que es lo que Él puede hacer en mi. Cuando el nos pide algo difícil y aparentemente imposible, es porque Él irá con nosotros y Dios mismo lo hará. Vivir una vida santa no es fácil y con el simple deseo no es posible conseguirla. Pero ahora se que la misma gracia que me dio fe para creer que Dios salva, es la misma que me dará el poder para vivir una vida santa. No será fácil y no lo lograremos en esta vida,pero él nos prometió que un día en su presencia él completará su obra. Y Él no sólo nos dio la promesa de lo que hará sino también nos dio el medio para hacerlo.

Todos llegaremos a esa encrucijada donde tenemos que decidir creer en lo que vemos o creerle a Él y obedecer lo que sea que nos pida, pase lo que pase. Y esto no es algo que pase en algún evento importante en tu vida solamente, sino que es algo que diariamente tendremos que decidir. No solo en este aspecto de vivir una vida santa sino en cualquier otra cosa Dios nos pida. Pues la manera en que vivimos reflejará lo que creemos de Él.

Si sabemos que Dios no miente, que siempre es bueno, que es sabio, que sigue siendo el mismo Dios que hizo milagros maravillosos en la biblia y cada uno hemos presenciado personalmente su fidelidad y poder… ¿qué nos impide creer? ¿Qué nos impide obedecer al Dios que los vientos, las aguas ,ángeles y aún demonios obedecen? A diferencia de nosotros, Dios es fiel y cumplirá todo lo que prometió.

Tenemos que pedir a Dios que nos ayude a poner nuestra fe en Él no en lo que vemos,no en lo que podemos hacer y entregarle de una vez el control.

 “Un siervo fiel es aquel que hace todo lo que su amo le pide independientemente del resultado.” -Henry Blackaby

Recuerda que sin fe es imposible agradarlo, ¿Cómo pensamos glorificar y agradar a Dios si lo estamos desobedeciendo?

Por eso hay que pedir que fortalezca nuestra fe, para que sea una fe genuina que nos lleve a obedecer y así no perdernos de lo que Él ha planeado para nuestra vida y poder agradarle.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Hebreos 11:6

-MAGE-

 

 

 

 

 

Gratitud

Hoy mientras me encontraba platicando con Dios y pensando en cada una de sus bendiciones, vi esas bendiciones de otra manera, porque normalmente vemos todas las bendiciones que tenemos como algo que Dios nos debe o como algo que merecemos por ser sus hijos pero no es así, Dios no nos debe nada a nadie y de hecho, tenemos una deuda de gratitud con Él que no podremos pagar, todo lo que tenemos que Él nos ha dado es pura misericordia y si te das cuenta al igual que yo, verás que absolutamente todo lo que tienes, es todo lo que no mereces, ¡Él me ha dado todo menos lo que merezco!; y puedo asegurar que a ti también te ha dado más de lo que mereces, y mucho más.

Creo que es increíble como a pesar de tener tanta bendición y además privilegios, seguimos quejándonos a cada segundo y nos encontramos codiciando y deseando  más y más o deseando otra cosa, tal vez reclamando por nuestro situación e incluso por cosas tan “pequeñas” como nuestro físico o nuestra incapacidad para hacer algo y ¿qué no nos hemos dado cuenta de todas las bendiciones que tenemos? ¿Qué no sabes que Dios no nos debe nada de lo que tenemos? ¿Qué no sabes que no mereces tener lo que tienes? Y aun así ¿reclamas, demandas más y te quejas de lo que si tienes?

¿Te has encontrado descontenta y quejándote constantemente como yo lo hago? Bueno tenemos un corazón quejumbroso y necesita ser cambiado por un corazón agradecido pero ¿cómo puedo estar agradecida cuando estoy pasando por tantas dificultades o cuando no estoy en un estado saludable?

 Tengo 3 motivos para que estés agradecida en esos momentos difíciles:

  • Porque todo lo que necesitamos es a Dios y en Él está todo lo que queremos y solo de Él depende nuestro gozo y contentamiento.

(“Y  vosotros estáis completos en él…” Colosenses 2:10/ “Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.” Habacuc 3:18)

  • Porque a pesar de que las circunstancias no sean agradables, Dios aún es bueno.

      (¡Alaben al Señor porque él es bueno, y su gran amor perdura para siempre!

       1 Crónicas 16:34)

  • Porque es un mandato de Dios (“Dad gracias en TODO, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” 1 Tesalonicenses 5:18)
  • Porque toda situación difícil y sufrimiento es para su propósito.

(“Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito.” Romanos 8:28)

Es muy fácil ser agradecida cuando hay paz, estabilidad económica y emocional, cuando hay salud y todo marcha como esperas pero ¿Qué hay cuando no es así? ¿Sigues siendo agradecida? Y aun cuando no entiendes el porqué de tu sufrimiento ¿Estás dispuesta a dar gracias?

Tenemos dos opciones a la hora de experimentar dolor:

O adoramos y agradecemos

O nos quejamos y reclamamos

Yo no quiero seguir siendo una persona a la que siempre le falte algo, que no tenga contentamiento, no quiero seguir siendo ingrata y quejumbrosa con Dios y con los demás. Ya saben entonces el primer paso, si ha has descubierto el pecado de tu ingratitud ahora arrepiéntete y comienza a agradecer, una buena manera de empezar es por contar las maravillas que Él ha hecho por ti “(Quiero alabarte, Señor, con todo el corazón, y contar todas tus maravillas.” Salmos 9:1) esto producirá adoración. Otra es tomar el tiempo de  recordar sus misericordias del pasado, que hay muchísimas (“sus misericordias son nuevas cada mañana” lamentaciones 3:23) cada día vivido es una misericordia; cuenta tus bendiciones y proponte dar gracias en TODO y no solo a Dios también con todos los demás que han bendecido tu vida y también con quienes no y que te han enseñado a amar inmerecidamente, bendice con tu gratitud hoy  a las personas, y no te olvides de agradecer de las cosas más pequeñas y cotidianas, ¡La gratitud es importante, esta nos ayuda a vencer la amargura, la desilusión y sobretodo el corazón quejumbroso, volviéndolo en un corazón contento, humilde y gozoso!

-Mel-

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Cuando mi corazón se enfría

Desde hace unos meses había comenzado a descuidar mi relación con Dios, mi corazón se entibió; los días pasaban y ni uno era dedicado a Dios con mi corazón, ¿iba a la iglesia? Claro que iba y en verdad disfrutaba los sermones, créelo, sin embargo mis acciones seguían siendo las mismas, volvía a lo mismo una y otra vez.

Romanos 7:19 se hizo una realidad en mi vida diaria “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” Obviamente no lo disfrutaba, sabía que estaba mal, sabía que estaba siendo una ingrata con Dios y por consiguiente, con los demás. Unas cuantas veces trataba de arreglar las cosas y leía mi biblia unos minutos, comenzaba a orar y en un momento me daba cuenta que estaba perdida en mis pensamientos.

Comencé a frustrarme, a sentirme realmente culpable y sin paz. Cuando pensaba que podría mejorar, las cosas empeoraron dentro de mi, pues esta era un lucha conmigo misma y mi corazón. Leí un artículo sobre el orgullo, después de leerlo quedé sorprendida conmigo misma, había descubierto algo “nuevo” …era orgullosa. Dios me reveló lo que nunca había visto, mi gran orgullo, en una manera sabía que tenía orgullo pero no me había dado cuenta de que tan grande era y como afectaba mi vida.

Después, el siguiente domingo en la predicación, el sermón trataba de la religión de los fariseos y maestros de la ley, el pastor describía como se jactaban por sus conocimientos, enseñaban a la gente que no sabía y se sentían con mayor espiritualidad que ellos, criticaban y juzgaban a los demás por no cumplir con los rituales establecidos y ellos ciertamente cumplían con ellos, con las cosas exteriores más en su interior, su corazón era orgulloso, arrogante, hipócrita y estaba lejos de Dios. Inmediatamente me identifiqué con ellos… sentía que ese sermón estaba dirigido directamente hacia mi; ese domingo una vez más Dios descubrió mi pecado, entonces comencé a frustrarme aún más porque después de cruzar la puerta de la iglesia, mi vida seguía siendo la misma! Tenía todas las respuestas, Sabía lo que tenía que hacer más no lo hacía. Miraba dentro de mi, en verdad me examinaba y cada vez más me daba cuenta de lo mal que estaba y teniendo en claro todas mis fallas, seguía siendo igual. Nada cambiaba, solo me recordaba a cada momento lo pecadora que era y como continuaba haciendo lo mismo, comencé a sentir repulsión por mi misma, me desesperé y le rogaba a Dios que me quebrantara y le pedía perdón pero aun así me sentía lejos…me sentía realmente ingrata con Dios y eso se reflejaba en mis demás relaciones.

Tal vez la gente podía verme y encontrar mi exterior bien pero en realidad en mis raíces, en lo profundo de mi corazón  había un desastre. Muchos de nosotros podemos aparentar ser siervos de Dios, ser espirituales y podemos hacer creer a las personas que en verdad lo somos cuando en realidad dentro de nuestros corazones somos unos monstruos, así me sentía yo.

Después de un buen tiempo de estar desesperada, frustrada, enojada y sentir tanta culpabilidad estallé. Era sábado cuando me encontraba en mi cama otra vez sumergida en mis pensamientos, recordándome la horrible persona que era, entonces decidí bajar a acompañar a mi hermana a comer, ella estaba hablando sobre cosas triviales y por como me sentía, me harté y le dije que mejor me regresaría a mi cuarto, entonces me dijo qué era lo que tenía y no me pude contener,comencé a llorar y a soltarlo todo, estaba harta y cansada de todos esos pensamientos, de mi pecado, de tanta culpabilidad incluso de mi misma pero mi hermana me recordó lo que se me había olvidado: seguir a Cristo es una lucha, una lucha constante contra mi pecado, mis placeres y deseos pero también es un proceso de conformarme a la imagen de Cristo y no será fácil ni rápido.

Al aceptar a Cristo hemos aceptado comenzar una batalla contra nuestra carne, el pecado y hemos comenzado un proceso de santificación, ni el uno ni el otro serán fáciles. Yo sé que todos al igual que yo han experimentado la desesperación de no avanzar, de darse cuenta que siguen cometiendo los mismos errores, cayendo en el mismo hoyo siempre y ver como su relación con Dios se va deteriorando pues eso es lo que hace el pecado: alejarnos de Dios y su palabra, y es por eso que muchos de nosotros aveces estamos apunto de rendirnos pero tenemos que recordar algo, Dios no se ha rendido contigo, Él no ha terminado contigo! Aunque sientas que eres un caso perdido y sin remedio, no te detengas de buscar a Aquél que puede transformar cualquier corazón.

Ahora, ciertamente Dios transforma el corazón y de Él es la obra pero también se requiere de tu disposición y voluntad para avanzar, pues a ti y a mi nos corresponde dar el primer paso que es el arrepentimiento, habiendo visto nuestro corazón, nos volvemos a Dios en arrepentimiento y ¿sabes? Él no quiere ofrendas ni sacrificios que nos hagan ver bien frente a los demás sino un espíritu quebrantado (Salmos 51:17) “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.” Ahora, el verdadero cambio toma lugar cuando nos enfocamos en conocer a Aquél quien es Él único que puede restaurarlo todo, la solución se centra en conocerlo a Él. Ora a Dios para que puedas conocerlo, si lo haces, lo conocerás, porque Dios se deleita en revelarse a nosotros. A medida que vamos conociendo a un amigo, nuestra confianza y amor aumenta, de manera similar conocer a Dios nos lleva a actuar en amor, confianza, obediencia y nos impulsa a seguir sus pasos y al estar siendo tan amados, querremos corresponder a su amor, entonces buscaremos agradarle.

Y ahora me podrás decir que has comenzado a leer tu biblia, a orar y buscarle todos los días y no ves resultados y yo sé muy bien la desesperación de no ver resultados, pero debes recordar y creer realmente que Dios está trabajando aunque tú no lo puedas ver aún, no te enfoques en el resultado, enfócate en el proceso y verás.

 Y ¿Sabes? Un error que muchos cometemos al intentar cambiar, es darle mayor atención a nuestros errores, como yo hice, en vez de Dios; más importante que conocer tus fallas, es conocer a Dios, Él debe ser tu principal enfoque. Deberíamos estar pasando más tiempo conociendo a Dios que inspeccionando nuestro propio corazón; porque si creces en el conocimiento de Dios, serás transformado hasta las profundidades de tu corazón.

No importa cuál haya sido tu pecado o por cuanto tiempo lo hayas hecho, si te acercas a Dios con un espíritu quebrantado y un corazón arrepentido Él es fiel y misericordioso para perdonarlo todo, no importa que tan grande haya sido el desastre que hayamos hecho, Él está dispuesto a limpiar cada rincón de nuestro corazón y volver a empezar.

“Pero te confesé mi pecado,y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor»,y tú perdonaste mi maldad y mi pecado.” Salmos 32:5

-Mel-

Mi gran error

Todos tenemos nuestras propias luchas y debilidades. En veces para algunos parecieran muy simples pero cada quien en su propia medida batalla con estas. Particularmente en la mujeres pienso que una de las debilidades que tenemos es el de querer sentirnos hermosas y valoradas. Para algunas sonara como algo tan simple, pero estoy segura que muchas somos las que hemos estado ahí alguna vez.

Personalmente esa ha sido una de mis debilidades algo con lo que por mucho tiempo había luchado. Batallaba en aceptar lo que soy,mi propio diseño. Y aunque yo tenía todas las respuestas correctas, yo conocía la verdad de que Dios le plació hacerme así y que para el soy hermosa. Aun así no era suficiente para dejar de sentirme menos. Había temporadas en las que yo sentía que ya había vencido esta lucha, pero luego me encontraba a mi misma llorando inconforme frente a un espejo.

Fue entonces una noche,en la que precisamente entre lágrimas me miraba, que me pregunte a mi misma “¿Por que no puedo aceptar simplemente la verdad y dejar de creer las mentiras del mundo? Todo aquello que han dicho que es belleza y que es importante. Solo quisiera poder disfrutar lo que Dios había hecho en mi. ¿Pero qué es lo que me lo impedía?

En aquel momento pensé que terrible sería pensar que toda mi juventud la desperdicie acomplejada y tratando de sentirme hermosa.Y que un día cuando estuviera anciana miraría atrás y diría que tonta fui al no agradecer mis mejores años. En vez de eso lo único que hice fue llorar inconforme,comparándome y perdiendo tanto tiempo preocupada en tratar de sentirme bonita. Cuando pensé eso me dije a mi misma que no quería que fuera así,quería cambiar mi situación actual. Pero con un simple argumento no es suficiente para romper un mal hábito,una mentira que por años has creído. Porque por mas que había luchado y deseaba romper esto no me era posible.¿ Pero por qué? Me preguntaba “Si yo se exactamente lo que soy y lo que valgo.”

En ese momento Dios me hizo comprender el fondo del problema. Yo sabia que era hermosa para Dios, pues después de todo el me creo y aun aunque no lo fuera el no mide mi valor en base a eso. Sin embargo aunque yo creo y entiendo esto,todo este tiempo había buscado el reconocimiento de la gente. Sabia el valor que mi creador me dio,pero aun así deseaba que las personas encontraran el mismo valor que él veía en mi. Pero eso es imposible porque el mundo ha torcido todo, ha puesto sus propios estándares y medidas de belleza. No entienden que todos somos diseños únicos que no se pueden comparar entre sí,pues todos son distintos y cada uno es bello en su manera. Aun sabiendo eso yo había estado tratando de encajar en esos estándares que el mundo había establecido para lo que considera bello. Y al ver que era incapaz de alcanzarlos,me entristecía tanto conmigo misma y me comparaba con las demás que yo pensaba que si encajaban. Luego concluía que entonces yo era menos. Ese había sido mi gran error, el buscar que todas las personas me valoraran y me reconocieran por ser alguien hermosa…..Ahora que lo pienso digo,que tontería. Pero eso es lo que hacía que me impedía disfrutar lo que tenía y siempre ver lo de las demás.

Al darme cuenta de eso dije que ya no quería seguir mas con eso. No necesitaba que la gente me reconociera y me aceptara por algo así. Que pobre pensamiento tenía al pensar que por verme mejor la gente me aceptaría mas. Pero al final ¿Que tan genuinos pueden ser aquellos que te juzgan por tu apariencia solamente? No necesito esa clase de atención, si las personas me buscan que sea por lo que soy y no por como luzco. Además era muy frustrante buscar agradar y perseguir esos estándares.

Así que una vez que reconocí mi error,lo primero que fue necesario hacer fue arrepentirme. Pedí perdón a Dios por haber sido tan necia por querer buscar el reconocimiento de la gente que enalteciera mi orgullo y vanidad. Por ser tan malagradecida y cuestionar lo que Él hizo. También por haber estado tan centrada en mí y haber perdido tanto tiempo en alcanzar esos estándares, para obtener mi propia gloria vacía. Cuando en realidad fui creada para perseguir cosas mucho mas importantes,como darle gloria con todo lo que soy a mi Creador.

Entonces decidí que quería un cambio,una vez habiendo reconocido mi falta pude permitir que Dios obrara dentro de mí para ayudarme a vencer todo esto. Pues sola no podía,se necesita mas que voluntad y buenos deseos para vencer un mal hábito,un pecado y poder cambiar de dirección.

No ha sido fácil,ni ocurrió de la noche a la mañana. Ha sido todo un proceso y aun en veces sigo batallando. Pero entendí que esta lucha no es en mis propias fuerzas y no estoy sola,su espíritu santo me respalda para poder seguir adelante. Porque hay algo mas importante en juego que yo misma, es la gloria de Dios. El quiere que entienda y persiga su propio estándar de una mujer hermosa para Él. Una que que invierta tiempo y permita que Dios transforme su corazón y su carácter para ser mas como El. De modo que cuando la gente mire ya no la vean a ella, sino que vean que hay alguien mucho mas grande y maravilloso detrás. En esa área es donde realmente tenía que invertir mi tiempo y esfuerzo. Y en el camino¿porque no disfrutar y aceptar lo que Él hizo en mi.

Conforme Dios ha ido trabajando esto en mi,he podido sentir libertad,pues ya no buscaré arreglar todo para agradar a la gente, ni sentirme menos. Porque soy única,soy amada y valgo la sangre que Cristo Jesús, mi Señor pago por mi para que hoy no necesitara buscar aceptación para tratar de llenar un vacío en mí, pues Él ya lo llenó por completo. Ahora en agradecimiento por todo eso puedo dedicarme a vivir por alguien mas que mi misma pues ya lo tengo todo y por eso mismo le debo todo.

No somos el centro de todo esto y aun así Dios nos bendice tanto con su infinito amor y gracia. Lo menos que puedo hacer es dejar de vivir para mi misma y vivir para ser esa mujer que el planeo, a fin de que sea glorificado. Y en el camino te aseguro que encontrarás descanso,gozo y libertad,pues ya no estás sujeta al pensamiento del mundo ni a tus propias pasiones. Como te dije en Él eres libre para escoger vivir por algo mas glorioso.

-MAGE-

Pequeños cambios

Dios ha sido muy bueno en los últimos meses. Siempre lo es, pero en los últimos meses ha sido muy evidente.  Hace unas cuantas semanas platicaba con unas chicas de mi iglesia sobre este Blog y pensábamos en abrirlo un poco más…Dios nos guió a pensarlo como una forma de compartir nuestras experiencias y aprendizajes sobre Dios, con otras chicas (y chicos). Y a partir de hoy así será, seremos varias personas las que estaremos colaborando en este blog, cada una según el Señor vaya mostrando y guiando. Estamos muy emocionadas por lo que Dios quiere hacer a través(y a pesar) de nosotras y queremos obedecerle. 
Esperamos que estos escritos sean de tanta bendición para ustedes como lo han sido para nosotras. El señor le bendiga grandemente.💕🌷