Tenemos una perspectiva imprecisa de Dios.  Lo consideramos un ser benevolente que se queda satisfecho cuando  las personas  se las arreglan para encajarlo a  él en sus vidas de alguna pequeña manera.  Olvidamos que Dios  nunca tuvo una crisis  de identidad; Él  sabe que Él  es grande y que merece estar en el centro de nuestra  vida.  Jesús vino humildemente como siervo, pero nunca nos súplica que le entreguemos alguna pequeña parte de nosotros mismos.  Él manda tener todo de sus seguidores. 
Fragmento  de “Loco Amor” de  Francis Chan. 

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