Valor en un tiempo como este

Ayer vi una película que salió recientemente “Hacksaw ridge ”(Hasta el último hombre), esta película está basada en una historia de la vida real, la vida de Desmond Doss. Este hombre se enlistó en el ejército durante la segunda guerra mundial, pero lo interesante de su historia es que quiso participar en la guerra sin llevar un arma.

Él era cristiano y tenía una fuerte convicción acerca de no tomar la vida de ninguna persona, pero aun así quería servir como médico de combate. Cuando las autoridades del ejército se dieron cuenta de su forma de pensar se hizo un escándalo nadie estaba de acuerdo con su forma de pensar, creían que era en realidad un cobarde y se burlaban de él y lo trataban mal. Pero aun así él permaneció firme en su convicción y estaba determinado en servir a Dios al servir a la gente de su propio país. Pero era precisamente en ese orden que lo haría, primero Dios y después a los hombres, por eso el insistía en que no mataría.

Después de mucha presión e incluso un juicio, le permiten servir de ese modo sin un arma. Cuando porfin estuvo en el campo de batalla él estuvo justo en la línea de fuego enemiga salvando y ayudando a todos los heridos. Arriesgaba su vida sin nada con que defenderse para salvar personas. Participó en varias campañas, pero en la de hacksaw ridge (en okinawa) al final el sólo rescato 75 hombres, fue conmemorado y él siempre le dio la gloria a Dios, reconoció que Él fue quien lo ayudó para lograr esa hazaña.

Cuando terminé de ver esa película reflexioné un poco y me di cuenta de que esta persona vio la oportunidad de servir a Dios al servir a su gente con lo que él tenía, lo que era en el tiempo que Dios lo puso. Fue un hombre valiente que estuvo dispuesto a arriesgar su reputación y después no solo eso sino también su vida por hacer lo correcto, por responder al llamado que Dios le hizo.

Al ver su ejemplo y recordar otras cosas que Dios había estado tratando recientemente en mi acerca de tener valor, me di cuenta que muchos de nosotros la mayor parte del tiempo no aprovechamos las oportunidades que Dios nos da de servirle en el lugar y tiempo que nos ha puesto. Hay muchas razones por las cuales no lo hacemos; a veces es porque simplemente somos indiferentes, pereza o porque no nos gusta incomodarnos.

Sin embargo la mayor parte del tiempo, la razón por la que normalmente no respondemos es porque somos cobardes, callamos cuando deberíamos hablar, nos paralizamos cuando deberíamos actuar, nos arrinconamos y nos auto justificamos para no hacer lo que tiene que ser hecho en nuestra timidez, nuestro miedo a la opinión de la gente, al rechazo, miedo a fallar porque nos sentimos incapaces. Y en realidad eso refleja lo egoístas que somos de encerrarnos en nosotros mismos, pensar solo en nuestra situación, lo que nosotros sentimos, en vez de ver lo que ocurre alrededor nuestro y preocuparnos por aquellos que en verdad están necesitados y que nosotros podríamos ayudar cuando Dios nos pone la oportunidad.

A veces el miedo se disfraza de razones como sentirnos incapacitados, esperamos nuestro llamado específico “Cuando Dios me diga el ministerio o me dé instrucciones específicas lo haré”. También  a  veces decimos estar esperando el momento preciso para hacer las cosas. Planeamos grandes cosas para el futuro, pero no nos damos cuenta de que el momento de actuar es hoy, justo ahí donde Dios te ha puesto, en este tiempo.

Porque lo veamos o no Dios siempre está trabajando y nos invita. El problema es que en muchas ocasiones no nos damos cuenta porque estamos tan envueltos en nuestros propios asuntos o usamos cualquiera de estos pretextos baratos para no hacer lo que debemos cuando Dios nos pide porque en realidad somos unos cobardes.

Y eso es súper contradictorio porque Cristo ya nos libró de lo más terrible a lo que nos podíamos enfrentar, la ira de Dios, su juicio.

“Y no temáis a los que matan el cuerpo, más el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”(Mateo 10:28)

Al morir en la cruz Él nos libró de este temor, entonces no tenemos a nada ni nadie que temer porque el Dios todopoderoso ya nos salvó de lo más temible que hay, y además está con nosotros. Y no solo eso sino que ha puesto su poder en nosotros que nos capacita para hacer todo lo que nos pide. ¿A que podríamos temer, entonces?

No hay ninguna razón válida para dejar que el miedo se apodere de nosotros, porque sin duda alguna es natural que como humanos en ocasiones tengamos miedo. Pero si en verdad creemos esto, que Dios es el que está con nosotros y el que tiene control de todo, no podemos dejar que el miedo nos paralice al hacer lo que debemos. Tenemos que actuar a pesar del miedo que sentimos, después de todo, eso es valor.

¿Y por qué es tan importante responder con valor a ese llamado? Porque es Dios mismo quien nos está dando la oportunidad de participar con Él en la expansión de su reino. Pero ¿Sabes? ninguno de nosotros es indispensable para la obra de Dios. Él puede hacerlo con o sin nosotros, pero si dejamos que nuestro miedo y timidez nos ganen nos perderemos el gran privilegio de ser parte de lo que Él está haciendo

“Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judíos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este!” Ester 4:14

Este hombre, Desmond, fue valiente respondió al llamado que se le presentó para servir en el tiempo y manera que el tenia, pudo salvar vidas y glorificar a Dios aunque no fue fácil. Pero sin duda alguna el creía que Dios estaba detrás de todo lo que él hacía, era quien lo fortalecía. De hecho era algo que constantemente pedía, el oraba a Dios por fortaleza.

Y esa es precisamente la clave de esto, esa clase de valor no nace de nosotros, es algo que Dios debe poner en nosotros para actuar con coraje en esas situaciones específicas que se nos presentan.

Fíjate en los discípulos ellos por sí mismos aunque juraron defender a Jesús, en el momento de la verdad huyeron, pero cuando el poder del Espíritu Santo vino sobre ellos, pudieron proclamar el evangelio de Dios como nunca antes sin temor alguno a pesar de que las circunstancias eran  nada favorables a causa de la persecución.

Y no fue sólo una vez que pidieron ese poder para recibir valor, sino que era algo por lo que constantemente oraban (hechos 4:29-31). Porque era el poder del Espíritu Santo el que los impulsaba a moverse, a no callar. Por sí mismos al igual que Desmond, no lo hubieran logrado. Y nosotros tampoco lo lograremos a menos que pidamos a Dios que nos dé de su poder para tener ese valor de no titubear cuando nos pide que actuemos.

Tenemos que pedir que nos de ese mismo sentir de Cristo quien no pensó egoístamente, sino que entregó todo hasta el final por amor a nosotros, para honrar al padre. (Filipenses 2:5-8)

Tal vez a ti y a mi no nos toque poner en riesgo nuestra vida física como Cristo lo hizo, sus discípulos y Desmond, o talvez sí. Si no es así, también hay otras áreas donde seguramente pondremos en riesgo nuestra “reputación” o habrán otros miedos que tendremos que enfrentar en esos momentos que Dios nos da la oportunidad de marcar una diferencia o hacer algo al respecto con el fin de glorificarle. Como te dije quizá no salvemos vidas físicas, pero conocemos a la persona que puede salvar un alma, Cristo. Podemos llevar esperanza que sana y salva el corazón de las personas.

Tenemos que dejar de poner pretextos y pedir a Dios que nos de ese poder y la capacidad para distinguir esas oportunidades que nos da y tomarlas por más difícil e imposible que parezca. Que nos de valor para no callar lo que puede dar vida a esas personas tan necesitadas que nos rodean. Porque en realidad no las estamos amando si callamos cuando deberíamos hablar o actuar.

Cristo mostró su gran amor cuando nos salvó, Él dio todo por nosotros, no podemos hacer nada menos que lo mismo. Seguir su ejemplo negarnos a nosotros mismos, a nuestros miedos, lo que sentimos y poner nuestra vida a su disposición cueste lo que cueste por amor a Él y a la gente.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24

Hay que pedir a Dios fe para primeramente confiar cuando su palabra dice que el Dios todo poderoso está con nosotros, que Él tiene cuidado de todo y jamás nada nos podrá separar de Él, pues ya nos salvó para que hoy no temamos a la gente, ni a las circunstancias, al fracaso o incluso a la muerte. Recuerda que la manera en que respondemos ante las circunstancias reflejará lo que verdaderamente creemos acerca de nuestro Dios. Si en verdad creemos en su poder y que cuando Él pide algo también nos acompañara y trabajara lado a lado con nosotros, estaremos dispuestos a tomar los riesgos grandes o pequeños al obedecer su voluntad.

Y responder a su llamado obedientemente trae bendición y vale totalmente la pena todo lo que inviertas, los sacrificios que hagas. No olvides que hay recompensa, pero lo más importante de todo es que sabrás que estás cumpliendo tu propósito aquí en la tierra, glorificar a nuestro rey.

Yo no sé tú pero yo quiero servir a mi Dios al servir a mi generación en mi época, trasfondo, cultura, lugar, con mis talentos y todo lo que me ha dado.

Si confiamos que el lugar donde estamos, todo lo que tenemos y lo que somos no es casualidad sino que Dios lo ha dispuesto por una razón, no tenemos por qué sentir miedo, pánico al hacer lo que debemos. Recuerda que estará con nosotros el mismo Dios que respaldo y capacito a Moisés, Josué, Gedeón, Ester, David, Pedro, a Desmond y a muchas otras personas a través de la historia para hacer cosas impensables en el tiempo donde cada uno vivió con el fin de glorificar su nombre.

Mantén tus ojos muy abiertos porque como te dije Dios siempre está trabajando a nuestro alrededor y el momento de actuar es ahora. Hay que orar para que Él nos muestre esas oportunidades y que al identificarlas podamos reaccionar con valor ante su llamado.

No hay que perdernos este privilegio y oportunidad única en esta vida para unirnos a lo que Dios está haciendo hoy en un tiempo como este.

“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josué 1:9

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