No seas como Pedro

El día de ayer, mientras platicaba con unas personas, me di cuenta de algo muy importante,  les comentaba que normalmente no tengo miedo de confiar en Dios, que al contrario, estoy segura de que cuando ÉL llama, ÉL provee, ÉL cuida y Él está ahí. Sin embargo, hay momentos en lo que comienzo a pensar las cosas con el “pensamiento de este mundo” y empiezo a creer que son imposibles, empiezo a dudar de lo que Dios puede hacer y hasta me abrumo.

Pero una de  estas personas me dijo algo muy importante y citó una porción de la biblia que yo nunca había visto de esa manera…

Los invito a estudiar conmigo un poco sobre Mateo 14: 27-33.

Pero Jesús les habló de inmediato:—No tengan miedo —dijo—. ¡Tengan ánimo! ¡Yo estoy aquí!

28 Entonces Pedro lo llamó:

—Señor, si realmente eres tú, ordéname que vaya hacia ti caminando sobre el agua.

29 —Sí, ven —dijo Jesús.

Entonces Pedro se bajó por el costado de la barca y caminó sobre el agua hacia Jesús, 30 pero cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse.

— ¡Sálvame, Señor! —gritó.

31 De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró.

—Tienes tan poca fe —le dijo Jesús—. ¿Por qué dudaste de mí?

32 Cuando subieron de nuevo a la barca, el viento se detuvo. 33 Entonces los discípulos lo adoraron. « ¡De verdad eres el Hijo de Dios!», exclamaron.

Para comenzar con un poco de contexto, Jesús había estado enseñando y  haciendo milagros como acostumbraba, justamente había multiplicado el pan, y le había dado de comer a más de 5.000 personas. Sus discípulos estuvieron con él todo este tiempo, viendo y siendo parte de lo que él hacía.

Ahora, Jesús envió a sus discípulos a que se adelantaran y él se fue a orar. Dice la biblia que se hizo de noche (A Jesús realmente le gustaba orar), y pasó lo menos deseado, CAYÓ UNA TORMENTA y los discípulos estaban en la barca muy asustados.

De pronto, Jesús, con toda tranquilidad, les dice en el versículo 27 ¡No tengan miedo, tengan ánimo, yo estoy aquí!, Es súper bonito saber, que cuando estamos en dificultades o pasando por momentos que no son fáciles para nosotros, Jesús siempre nos dice ¡No tengas miedo, aquí estoy!.

Luego en el versículo 28, vemos a Pedro en escena, este pedro tan atrevido e imprudente de siempre, me recuerda tanto a mí, si me preguntaran a cuál personaje de la biblia me parezco más, seguramente diría que a Pedro. En este versículo, Pedro le dice a Jesús, “Sí realmente eres tú, ¡pídeme que vaya hacía ti! Obviamente era Jesús, ¿Quién más va a caminar sobre el agua?, pero Pedro, incrédulo,  quería asegurarse por él mismo que sus ojos no estuvieran engañándole.

Lo que se me hace súper bonito de Jesús es que conocía a Pedro, y le dio la oportunidad de poner en práctica esa fe principiante que tenía. Jesús le dice en el versículo 29 ¡VEN!, Jesús es tan lindo, nos pide cosas que sabe que no podemos hacer en nuestras propias fuerzas, para mostrarnos la inmensidad de su amor y cuidado.

 En este mismo versículo, la biblia narra que Pedro OBEDECIÓ y bajó de la barca en la dirección que Jesús le había dicho. Y ¿Qué creen? Pedro lo estaba logrando (no por sus fuerzas, obviamente) pero Pedro comenzó a caminar sobre el agua mientras veía a Jesús.  Que gran privilegio, Obedecer a Dios, y que te lleve a hacer cosas asombrosas para mostrar su poder y amor.

Pero PUM, no todo fue tan color de rosa para Pedro, de pronto, salió a relucir lo que realmente era… su incredulidad y falta de fe.

En el versículo 30, dice que Pedro comenzó a hundirse, pero dice por qué, dice: “…pero cuando vio el fuerte viento y las olas, se aterrorizó y comenzó a hundirse.”, Pedro dejó de mirar a Jesús y se empezó a concentrar en la tormenta. Cuantas veces nosotros hacemos lo mismo, al menos yo sí; empiezo a ver las dificultades, los problemas los obstáculos y como consecuencia de ello, así como Pedro, me empiezo a hundir, iba muy bien, avanzando con la vista puesta en Jesús, pero en cuanto desvió un poco su vista, comenzó a hundirse y a pedirle a Jesús que lo salvara. En ese pequeño momento de incredulidad, Pedro se dio cuenta de que lo que estaba pasando (caminar sobre el agua), era solamente una obra de Dios, que él (pedro) no podía hacer nada al respecto, e inmediatamente, pidió ayuda a quien podía salvarle.

Y honestamente, me encanta lo que viene en el versículo 31, “De inmediato, Jesús extendió la mano y lo agarró.” Jesús estaba ahí, desde el principio estuvo ahí, cuidando a Pedro, esperando que llegara hasta donde le había dicho; aún en el momento donde Pedro dudó, Jesús estuvo ahí, para tomarlo de la mano y sacarlo de nuevo a la superficie. Que hermoso es nuestro Dios, aun cuando nosotros dudamos, él sigue ahí, cuando nos damos cuenta de que no podemos con nuestras propias fuerzas porque es imposible, Él nos dice “aquí estoy, ¿por qué dudas de mí?”(v.31 b).

No sé si soy la única, pero soy completamente como Pedro, veo las maravillas que Dios hace frente a mí, sus milagros y cuidados, y me asombro de él, voy caminando con mi mirada puesta en él, y de pronto desvío un poco mi vista, comienzo a ver los problemas, veo lo difícil que son las circunstancias, veo que  por mi propia cuenta soy incapaz de hacer lo que Dios me pide, y comienzo a abrumarme, comienzo a hundirme en mi propia incapacidad de hacer las cosas…entonces, es hasta que volteo a ver a Jesús y le digo: “No puedo, sálvame”, que me doy cuenta que Él, siempre estuvo ahí, que nunca me dejó, que simplemente yo desvié mi mirada de lo que Él ya me había pedido y que Él me estaba ayudando.

 Y me encanta ver a ese Jesús paciente y amoroso de toda la vida diciéndome: “Ay niña, siempre estuve aquí, ¿por qué dudas?, aquí voy a seguir SÓLO TEN FE.”

Y es entonces puedo decir lo mismo que los discípulos en el versículo 33 « ¡De verdad eres el Hijo de Dios!».

Dejemos de ser como Pedro, dejemos de dudar, dejemos de creer que haremos cosas por nuestra propia cuenta; somos incapaces de hacer cualquier cosa solos, necesitamos a Cristo, necesitamos confiar en él, dejemos de ver las circunstancias adversas y nuestras incapacidades, tengamos nuestra mirada puesta fijamente en aquel que hace los milagros, en aquel que nos dice: “aquí estoy ¿por qué dudas?”.

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Un comentario en “No seas como Pedro

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